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La Coctelera

A LA MEMORIA DE LOS QUE NUNCA TUVIERON MIEDO DE HABLAR...

"Hay momentos en la vida, en los que callar se convierte en culpa y hablar en una obligacion. Un deber civil, un desafio moral, un imperativo categorico del que uno no se puede evadir" Oriana Fallaci

9 Marzo 2008

SOBERANÍA Y PATRIOTISMO DESDE LAS TRINCHERAS.

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Hemos terminado airosamente, y por fortuna, una de las semanas más álgidas de lo que va corrido del presente año. Desde el pasado sábado 1 de marzo, día que se dio de baja al jefe guerrillero: Raúl Reyes, hasta el día del viernes, en la mañana, todo eran expectativas respecto al encuentro de los presidentes: Álvaro Uribe, Hugo Chávez y Rafael Correa en la XX Cumbre de Río. En la tarde, después de los discursos respectivos, cuando los ánimos pasaron de muy calientes, después a tibios y por último a cordiales, Colombia volvió a respirar tranquilamente, y no era para menos, porque se comenzó a percibir e imaginar un conflicto de dos países, - Ecuador y Venezuela-, contra uno, sin contar Nicaragua que se solidarizó, con Ecuador y Venezuela, a última hora cuando vio la balanza bien cargada contra Colombia; sin embargo, -y a pesar del descanso-, deberíamos tener presentes algunos de los hechos más importantes que transcurrieron durante la semana.

El presidente de Ecuador: Rafael Correa, realizo, vertiginosamente una gira que lo llevó por cinco países, con un discurso de victima ofendida, defendiendo la soberanía ecuatoriana que se vio invadida por el ejercito colombiano para penetrar y bombardear el campamento de Raúl Reyes, mientras que el computador del abatido jefe guerrillero, al mismo tiempo, delataba reuniones con los principales políticos ecuatorianos. Correa, por su parte, le mostraba los dientes a Uribe desde el lugar donde estuviera, con frases tan enfáticas como la que repitió durante su gira: Llevaremos esto hasta las últimas consecuencias” y otra que pronunció, mucho mas desafiante, el día jueves: “Habrá que tirar a la OEA a la basura”

Todo esto lo reiteraba mientras sentía, en la distancia, el apoyo con el mismo tipo de frases y amenazas del presidente Hugo Chávez.

El presidente venezolano, fue mucho más altivo en sus declaraciones con discursos a favor de la soberanía de Ecuador, pero lo más diciente fueron sus acciones: patrocinó, él mismo, en su programa “Alo Presidente” un minuto de silencio por la desaparición de Raúl Reyes, se refirió al presidente de Colombia en términos de: “Mafioso, oligarca y paramilitar”, cerró la frontera, expulsó el cuerpo diplomático de Colombia en Venezuela, y también, hizo lo respectivo con la embajada Venezolana en Colombia; por último, envió 10 batallones a la zona fronteriza con Colombia. Todo esto, mientras los colombianos seguían conociendo todos los vínculos del gobierno venezolano y ecuatoriano que estaban registrados en los documentos del computador de Raúl Reyes.

Daniel Ortega, quizás por osmosis, no se quedó sin repetir las mismas acciones: romper relaciones diplomáticas con Colombia, y emitir juicios a diestro y siniestro contra el presidente Álvaro Uribe. Por último, y dada la oportunidad, recordó el tema de las islas de San Andrés.

Correa y Ortega, parecían orquestados y dirigidos por Chávez y todos con la misma estrategia: atacar y hablar pero desde sus respectivos lugares, algo así como la conocida norma de guerra de guerrillas: “Atacar y esconderse para una nueva oportunidad.”

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La batuta internacional, -un poco arrítmica en sus declaraciones-, fue dirigida por Francia. El lunes 3 de marzo afirmaron que la muerte de Raúl Reyes era una perdida muy significativa para ellos, porque con él se venían adelantado conversaciones para la liberación de la ex-candidata, colombo-francesa, Ingrid Betancourt. Posteriormente negaron dichos contactos y conversaciones directas con la guerrilla colombiana, y por último el comité por la liberación de Ingrid Betancourt en Francia, sin quedarse atrás, arremetió también contra el presidente Álvaro Uribe.

El resto de países, se limitaron a observar y dar opiniones muy diplomáticas que no delatara a quién o a qué causa apoyaban; de todas formas se debe destacar la posición de Estados Unidos al decir que el gobierno venezolano debía marginarse del problema entre Colombia y ecuador, pero como dice el adagio popular: “no somos machos pero somos muchos”,-y mejor si es el más grande el que va adelante-, otros países como Chile también hicieron suyo el mismo consejo refiriéndose a Venezuela.

La semana seguía su curso, pero en ocasiones se percibía larga e infinita esperando un milagro que bajara los ánimos entre los mandatarios. El servidor Facebook, sirvió, nuevamente, para que los ciudadanos de los piases involucrados hicieran un llamado a la paz y a la cordura, mientras la opinión internacional continuaba esperando el concepto o apoyo de uno de los mejores amigos de Hugo Chávez: Evo Morales. Su silencio llegó a ser interpretado como un mal momento o distanciamiento entre Bolivia y Venezuela; también como una estrategia que se conocería en últimos momentos contra Colombia, pero todo esto iba mucho más allá: Bolivia, encabezado por su presidente Evo Morales, tomó la distancia que exigen las normas diplomáticas internacionales y solo dio su opinión en el desarrollo de la cumbre.

El presidente Uribe, fue mucho más intrigante por sus pocas y cortas declaraciones, pero sin el algún momento tuviera la oportunidad de preguntarle qué libro prefiere entre: El Arte de la Guerra de Zun-Tzu o El Príncipe de Maquiavelo, me atrevería a decir que hace lectura o consulta continua de los dos textos: habló cuando era necesario, tomó distancia cuando la situación era manejada en la OEA, se documento a fondo para fortalecer sus posturas, y estudio las declaraciones y políticas de sus homólogos; llevándose, para él ovaciones y aplausos de todos los asistentes a la cumbre y para Colombia: una semana que en medio de todas las vicisitudes, dejó muy buenos resultados: tanto en política exterior como en política interna (Ley de Seguridad nacional), y una imagen positiva, en el país, que debe estar acercándose al 90%.

Del Presidente Correa podríamos concluir que perdió su primer examen en diplomacia, que tuvo que morderse la lengua y aceptar las disculpas después de haber estado pidiendo la cabeza de Uribe durante toda la semana. Deja, también, al descubierto que fue el conejillo de indias de Chávez, pero a lo último, -ya muy tarde-, debió darse cuenta que inocentemente quedó como el adolescente político utilizado para incendiar.

Chávez, calculó rápidamente, -mientras Uribe hablaba en la Cumbre-, lo que le podría acarrear, en sus intereses, una denuncia en un organismo internacional por patrocinio de terroristas y sintió también la presión de las “grandes plazas” que no tiene punto de comparación con una dominical emisión de “Alo Presidente”, por eso optó, al final, por el papel que no ensayó en la semana: el de mediador.

Ortega: igual que al principio: con una actitud por reflejo, pero esta vez a favor de Colombia.

Al final los únicos ganadores, y como debe ser, fueron los ciudadanos de los tres países, porque ganó el empeño, la pulcritud diplomática y sobre todo ganaron los que podrán ir al concierto de Juanes y sus amigos en la frontera.

Andrés Candela.

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